22 DE ABRIL

Eran las 8h00 de la mañana, los rayos del sol, osados, entraban por la ventana, eclipsados por la persiana. Víctor seguía durmiendo boca arriba, rodeándola con el brazo izquierdo, mientras ella, en posición fetal apoyaba la cabeza en su hombro, tal y como habían quedado la noche anterior después de hablar largo rato en la cama. Entonces, el ensordecedor ruido del camión de la basura les despertó. Empezaron a moverse lentamente, él retiró su brazo mientras ella posaba su cabeza en la almohada y estiraba las piernas. Habían dormido muy bien, estaban descansados.

Laura se acercó a él y le dio un beso de buenos días, que él devolvió mientras pasaba la mano por sus caderas, como siempre, desnudas bajo el picardías. Le apretó el culo con fuerza, hacia él, estremeciéndola, le encantaba que la desease, juntaron sus cuerpos y empezaron a besarse, a tocarse, a quererse, jugando con las lenguas mientras ella le pasaba el pie por encima de las piernas, notando el bello devolviéndole las caricias. Después, ella, lentamente, se puso encima de él, apartando la sábana, con las piernas abiertas, dejando que él, con su miembro erecto, notase la humedad que salía de su interior. Laura se irguió, desnudó su cuerpo y dejó que sus pechos frotaran los de él mientras dirigía los labios a su cuello, besando dulcemente su piel. 

Empezaban a estar muy excitados, ella, lentamente, fue bajando, recorriendo con su lengua los pezones de él, pasándola mojada por su torso hasta llegar al pene, que puso en su boca, chupándolo, besándolo, mordiéndolo suavemente, notando como cada vez estaba más excitado, allí, tumbado, con los ojos cerrados. Sin sacárselo de la boca, empezó a girar en el sentido de las agujas del reloj, sobre la cama, hasta dejar la vagina enfrente de él, pidiendo sin palabras que se la comiera, que la excitara locamente. Él, rodeándole las piernas con los brazos y poniendo su cara entre ellas, empezó a lisonjear su clítoris con la lengua, embalsamándolo con su saliva, aumentando el ritmo a medida que pasaban los segundos. Allí, encima de la cama, cada vez jadeaban más, excitándose mutuamente, sintiéndose el uno al otro, su calor, esperando con impaciencia el clímax. Cuando estaban a punto de llegar a un punto sin retorno, pararon, ella se tumbó boca arriba en la cama, respirando sonoramente, deseando seguir, no dejar de sentir ese fuego. Víctor se puso encima, y cogiendo sus pechos con las manos, empezó a lamerlos húmedamente, mojándolos con desesperación, volviéndola loca al pasar su lengua por debajo de ellos y mordisqueando sus pezones, luego, poniendo su rodilla entre las de Laura, le abrió las piernas y dejando un pecho, introdujo su pene en ella, notando el calor y las palpitaciones de sus labios cada vez más rojos y carnosos, a la vez que sus pechos se endurecían al sentirlo entrar lentamente. Los gemidos de Laura le excitaron aún más, aumentó el ritmo al penetrarla, parando de vez en cuando para no correrse, empezaban a sudar, a querer acabar ese apetito libidinoso, esperando el momento oportuno para que todo fuera perfecto para los dos. Laura le pidió que se irguiese un poco, mientras pasaba su pierna derecha por delante de él, y sin dejar de penetrarla, ella se dio la vuelta, quedando bocabajo, con las piernas abiertas, él, poniendo las manos por debajo de su cuerpo volvió a cogerle los pechos y reanudó sus movimientos pélvicos, ahora lentamente, torturando los deseos de ella de llegar al orgasmo; después de besarla en la espalda, húmeda por el calor de los dos cuerpos, y de retirar su miembro, él la incitó a ponerse a cuatro patas, y cogiéndola por las caderas, volvió a introducir su pene y a penetrarla con desesperación, frenéticamente, al ritmo de los gritos de Laura, que lo volvían loco, hasta llegar al punto deseado por los dos, y cuando ella le indicó que estaba a punto, él, dejando a un lado sus prudencias, desbocó toda su lujuria en quererla y desearla hasta correrse brutal e irracionalmente dentro de ella, llenándola entre gemidos, jadeos y gritos. 

Quedaron, por unos instantes, quietos, él, abatido encima de ella, todavía en su interior y los dos escuchando sus respectivos corazones palpitando impetuosamente.

Se separaron, se tumbaron encima de la cama y permanecieron unos minutos cogidos de la mano, recuperándose, felices... Laura se levantó primero, dulcemente acarició a Víctor, le besó y se fue a la ducha, él la siguió y abrazándola bajo el chorro de agua tibia, empezó otra vez a besarla, a acariciarle los pechos medio enjabonados, entrelazando sus cuerpos mientras volvían a devorarse el uno al otro.